Kogarashi
El otoño se abre como un telón de despedidas: las hojas se sueltan en un último gesto dorado y el aire se impregna de un silencio que presagia. Entonces sopla el kogarashi, ese primer viento frío que no avisa, que hiere con la suavidad de un recuerdo olvidado. En su filo queda la certeza de que todo se desgasta, de que el tiempo no avanza sino que se deshila como un abrigo viejo.
Gres blanco chamotado, esmalte del taller nº48 (azul con aguas), técnica del pellizco.




