Álex Carnicero

La arcilla recibe lo que no puedo decir, lo que se mueve en silencio dentro de mí. Cada matiz, cada hendidura, guarda pensamientos que flotan y sentimientos que se despliegan sin prisa. Moldear es detener el tiempo, escuchar lo invisible y confiar en que el arte puede sostener aquello que permanece más allá de las palabras.

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Taza frisada

Hay inicios que crecen poco, tiemblan, y acaban por rendirse antes de tiempo. Uno los mira con la mezcla amarga de lo que pudo ser y no fue, como si el mundo murmurara que algunos comienzos están hechos para desmoronarse.

Pero cuando caen, dejan en la tierra un hueco fértil. De ese fracaso, brota otra oportunidad más serena, más viva, más propia. Surgen inicios nuevos que no necesitan imponerse: simplemente florecen. Y así sigue el ciclo, inevitable y hermoso, donde lo que no funcionó prepara el terreno para lo que por fin encuentra su lugar.

Gres blanco chamotado, esmalte del taller, técnica del pellizco.